“Malvinas: Postales de retaguardia” por Carlos Aprea
2 de abril de 1982
Alrededor de la mesa familiar nos encontrábamos los cuatro hermanos y mi madre, atrapando entre sus manos un gastado delantal. Todos silenciosos y aún azorados frente al televisor, que inundaba el mediodía de sones triunfales de guerra. Entonces irrumpió el viejo, con esa convicción violenta, que impedía toda sombra sobre la hondura y honradez de sus sentimientos, pero también dejaba fuera toda posibilidad de duda, de sospecha, de pensar de otra manera.
-¡Por fin estos milicos hijos de puta hicieron algo bueno!- Vociferó, casi a los gritos, como cuando un referí vendido cobra penal para el lobo, tres minutos antes del silbato final, y nos salva de una derrota... (sigue en AROMITO)
Acerca de nuestra leyenda original: “La Plata, ciudad de poetas”, por Guillermo Pilía
“Mi amigo Juan Pablo Silveiro es un caso extrañísimo dentro de la historia de la literatura platense. Llegó, como tantos otros jóvenes, del interior de la provincia a fines de los 50. Ingresó a la carrera de Letras, y apenas recibido, publicó un sobrio libro de poemas, muy bien impreso, con versos medidos y rimados. Nunca más volvió a editar, y aunque de tarde en tarde despunta el vicio componiendo alguna poesía jocosa, se sentiría muy ofendido si alguien lo llamara “poeta”. Digo que mi amigo Juan Pablo es un ejemplar rarísimo, porque la mayoría de los que pululan en el ambiente literario, con mucho menos antecedentes, no sólo no sienten vergüenza cuando se los llama “poetas”, sino que se sentirían agraviados si alguien se olvidase de hacerlo. En cualquier otro lugar del mundo, quizá la cosa no sería tan grave, pero en La Plata, que es la “ciudad de los poetas”, la cuestión es mucho más peliaguda...” (sigue en AROMITO).
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City Bell, de calles y fronteras, por Ricardo Gil Soria
“Quiero hablar de la pertenencia al lugar, ese vínculo que establecemos con nuestra geografía mas próxima, la tierra que pisamos. También de las zonas grises de frontera. Y de quienes se someten a imposiciones y de quienes se sacuden de ellas, porque necesitan sostener su identidad tal como la sienten.
Vivir en una calle que se llame 16 bis no es muy mágico que digamos, sobre todo cuando siempre las preferimos con nombre de pájaros o flores o nombradas por el cañaveral que crece en el fondo, y sería Las Cañitas; o por el pantano que hay que atravesar, y le diríamos La Pantanosa; o porque queda “a la vuelta de lo de don Lorenzo”; o La del Hornero o la de El Zorzal o Las Calandrias. “Allí vivo yo, por la calle de Los Álamos”, así me gustaría indicar el camino...” (sigue en POESÍA CITY BELL).
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Entrevista a Juan Gelman: Acerca de escritura y militancia. Walsh. Urondo. Conti.
“...Paco lo dijo una vez: “Yo empuñé las armas porque busco la palabra justa.” Eran hombres que supieron aunar todo: no consideraban la escritura como fenómeno al margen de la vida de su pueblo ni la vida de su pueblo al margen de su literatura. Y no estoy hablando de novatos, sino de hombres de gran calidad literaria que con su ejemplo cuestionan toda una actitud política obrerista que ciertas dirigencias revolucionarias –en el poder o no– suelen tener frente a los intelectuales. Digamos la verdad, escritores del nivel de Rodolfo Walsh no hay muchos en América Latina o en lengua española, ni muchos Paco Urondo ni muchos Haroldo Conti...”
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Las voces de:
Haroldo Conti – Entrevista de 1975
Paco Urondo – La vida por delante
Rodolfo Walsh – Operación Masacre, capítulo 23
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/ de la talita dorada / el espiniyo poesía / city bell (pueblo de roberto t. speroni), pcia bs as, argentina /
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